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Friday, 18 de January de 2019.
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Europa le teme a AirBnB

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Airbnb está copando la oferta de apartamentos en los principales centros turísticos de Europa, como Praga, donde los vecinos denuncian la despoblación del casco histórico y donde las autoridades municipales quieren empezar a regular esa actividad.

Airbnb gestiona ya un 25 % del parque de viviendas del centro de Praga, una capital que en 2017 recibió a 7,5 millones de turistas, un 7,4 % más que el año anterior.

En la ciudad, uno de los principales destinos turísticos de Europa, funcionan otros servicios parecidos como Flipkey o HomeAway, además de la clásica oferta hotelera.

El ascenso de esta nueva forma de alquiler, en la que particulares ofertan pisos o habitaciones por breves períodos, supone un notable ingreso extra a los propietarios de las viviendas, pero puede tener también efectos negativos.

‘Los habitantes naturales de los centros de las ciudades están siendo expulsados’, denuncia en su página web la Asociación de Inquilinos de la República Checa.

La población de los barrios céntricos de ciudades turísticas, como Praga o Cesky Krumlov, ha caído en una cuarta parte en los últimos 15 años, en un proceso que sin embargo ya comenzó antes de que plataformas como Airbnb llegaran a la República Checa.

‘Miles de pisos son retirados de la circulación, no se usan para vivir y se convierten en sustitutos de servicios de hostelería’, asegura la Asociación de Inquilinos.

Los críticos de estas plataformas también se quejan de los ruidos y las incomodidades por la acumulación de visitantes en las zonas céntricas, mientras que algunos vecinos denuncian que hay turistas que organizan fiestas en los apartamentos.

‘Se altera la convivencia, o los habitantes temporales no respetan el uso y el orden de las viviendas’, señala la Asociación de Inquilinos del país centroeuropeo.

El año pasado recibieron 178 quejas contra Airbnb y otras plataformas, y este año esperan que la cifra aumente un tercio.

El Partido Pirata, que controlará en breve la Alcaldía del nuevo Gobierno municipal, ha propuesto que las comunidades de vecinos puedan prohibir la actividad, si hay unanimidad, así como sancionar a los propietarios que violen las reglas de convivencia.

Ya antes de los comicios locales de principios de octubre, el Ayuntamiento praguense anunció una reforma del reglamento de alojamientos para establecer zonas libres de economía compartida y preservar su carácter residencial.

Otro elemento importante es el del aumento de los precios de los alquileres que suele acompañar a la actividad de estas plataformas.

Según la consultora Deloitte, el precio del metro cuadrado en las zonas céntricas de Praga aumentó un 45 % entre 2010 y 2017, aunque esa subida se debe también en parte a la liberalización de los alquileres de renta antigua aprobado en 2013.

La competencia desleal con el sector hotelero, la falta de regulación en las normas de uso y el impago de impuestos son otros de los problemas que genera la economía compartida en Praga.

Según el diario ‘Hosporarske Noviny’, la mayoría de los 11.000 anfitriones de Airbnb en Praga no declaran impuestos, y la autoridad fiscal estima que, sólo en la capital, podría recaudar unos 18 millones de euros al año por estos alquileres.

La reforma que las autoridades locales quieren aplicar obligaría a los dueños de los pisos a publicar datos de acogida de clientes, para asegurar que pagan las tasas locales e impuestos.

Datos proporcionados por Airbnb a Efe en Praga, señalan que de media los propietarios de pisos en el centro de Praga ingresan unos 2.100 euros anuales por alquilar parte o toda su vivienda.

De hecho, una pequeña parte (un 6 %) de los anfitriones checos más activos en Airbnb es gente mayor que sigue viviendo en su casa mientras alquila parte de su vivienda.

Bernard D’heygeren, portavoz de la empresa en la República Checa, asegura que el alquiler de habitaciones les facilita unos ingresos que les permiten, justamente, poder mantener sus viviendas.

Asimismo, niega que esta fórmula de alquiler esté causando una despoblación del centro y afirma que ‘solo una parte muy pequeña de los anfitriones no vive en sus casas’.